
Según las leyes de la física comprobada por los experimentos en el tunel aerodinámico, la abeja no debería poder volar, ya que el tamaño, el peso y la configuración de su cuerpo no guarda la debida proporción con la envergadura de sus alas. Pero la abeja, que ignora estas verdades científicas, se lanza a volar, y no tan sólo vuela, sino que fabrica su poco de miel todos los días.
Bernard Shaw
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